Clase 4: fundamentación sacramental de la familia

Clase 4: Fundamentación sacramental de la familia y la relación de la familia con la maternidad de la Iglesia
1. El fundamento sacramental de la familia cristiana
Éste es el elemento originario de la relación Iglesia-familia: «La identidad eclesial de la familia cristiana deriva de los sacramentos como su fundamento o raíz, en el sentido que la relación específica que vincula la familia cristiana con la Iglesia es fruto de los sacramentos».
1.1. El sacramento del matrimonio
El matrimonio «es el sacramento específico que fundamenta la eclesialidad de la familia cristiana».
Dice nuestro autor que algún teólogo piensa que, la influencia familiar del matrimonio cristiano, se entiende claramente en la medida en que se afirma la sacramentalidad permanente del mismo matrimonio. Pero indica nuestro autor que el problema del matrimonio como sacramento permanente se mantiene todavía abierto, aunque no faltan observaciones favorables del Concilio Vaticano II y en otros documentos post-conciliares[1]. Además, «la afirmación de la permanencia del sacramento del matrimonio no determina tampoco nuestro interrogativo sobre la influencia en la familia»[2].
Tettamanzi prescinde de esta problemática, y se limita a considerar «los elementos del sacramento del matrimonio que son patrimonio común y pacífico de la teología (o incluso de la misma fe)»[3].
1.1.1. La res tantum
«El primer elemento es la res tantum del sacramento, que es la gracia»[4]: «La gracia sacramental del matrimonio es la asunción y la transfiguración en caridad cristiana del amor conyugal, que por tanto, se convierte en caridad conyugal. Por la virtud del sacramento, leemos en la Familiaris consortio, “el amor conyugal alcanza la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal, que es el modo propio y específico con que los esposos participan y están llamados a vivir la misma caridad de Cristo que se dona sobre la cruz” (FC, 13)»[5].
«Convertido en caridad, este amor conyugal no sólo no pierde sino que encuentra confirmados, y renovados sobrenaturalmente, sus elementos estructurales y sus profundos dinamismos, sus notas y exigencias. En particular, la nota y exigencia de la fecundidad, entendida en su plenitud humana de transmisión (mejor aún de “donación”) de la vida física (generación) y de la vida espiritual (educación). De hecho, la apertura a la vida forma parte de los elementos que califican la “conyugalidad” del amor, en cuanto que por su íntima naturaleza y finalidad, el amor de los cónyuges está llamado a suscitar y a educar vida humana»[6].
Señala nuestro autor que «la apertura a la vida, que como hemos visto no es sólo exigencia y fruto de la “naturaleza”, sino también exigencia y fruto de la “gracia”, recibe del sacramento una “novedad”, una “originalidad”. Evidentemente, una novedad y una originalidad “cristiana”, que en la economía de la salvación de Jesucristo, Verbo encarnado, se califica como “eclesial”. Por esto, en virtud del sacramento del matrimonio, la pareja cristiana está llamada no a una apertura “genérica” a la vida, sino más bien a una apertura específicamente cristiana y eclesial. Es la gracia del sacramento la que inspira, sostiene y vivifica una “intencionalidad” cristiana y eclesial en el don de la vida por parte de la pareja: que puede, y debe, desear y querer al hijo como hijo de Dios, hermano de Cristo y miembro de la Iglesia. Precisamente en este sentido, retomando una línea tradicional de la Iglesia, se expresó claramente Pío XI en la encíclica Casti connubii, cuyo pensamiento ha sido felizmente sintetizado por la Gaudium et spes, donde habla de la llamada de los cónyuges cristianos ad cooperandum cum amoris Creatoris atque Salvatoris, qui per eos Suam familiam in dies dilatat et ditat (GS, 50)»[7].
1.1.2. La res et sacramentum
«Es otro elemento del matrimonio cristiano que puede y debe ser considerado, de cara a resaltar la influencia del sacramento en la familia, es el denominado, según la terminología escolástica, sacramentum et res, o res et sacramentum, que es aquella realidad intermedia entre el signo sacramental y la gracia, y que se configura a la vez como efecto y causa, efecto inmediato del signo sacramental y causa (unida al signo sacramental) de la gracia. La teología afirma su existencia también para el sacramento del matrimonio, indicando que es el vínculo conyugal cristiano»[8].
Por lo tanto, todo lo que se ha dicho sobre la res tantum, «se debe entender como res “significada y producida” por el vínculo conyugal propio de los cónyuges cristianos»[9].
1.1.3. El sacramentum tantum
Para completar el análisis de los elementos que constituyen el sacramento del matrimonio, «es necesario hablar del signo sacramental (sacramentum tantum): éste proviene del mismo “pacto conyugal” (foedus coniugale), que es la “elección consciente y libre, con la que el hombre y la mujer aceptan la comunidad íntima de vida y amor, querida por Dios mismo” (FC, 11). En cuanto elevado a sacramento, el pacto conyugal de los bautizados es signo, incluso más, real participación en la Alianza de Dios con los hombres, de Jesucristo con la Iglesia»[10].
«Pero si todos los sacramentos se configuran como signo (manifestación) y lugar (representación) de la Alianza, el sacramento del matrimonio lo es a título particular, en cuanto su mismo “signo sacramental” es una alianza (el pacto conyugal).
»Esto afecta directamente a la “pareja” cristiana: la alianza conyugal en virtud del sacramento se convierte en revelación y participación de la Alianza entre Dios y la humanidad, entre el Señor Jesús y su Iglesia»[11]. «Entonces, el pacto o alianza conyugal, precisamente porque está significada y producida (“habitada y transfigurada”) por la Nueva y Eterna Alianza, refleja, participando en ellas, la realidad y la índole “comunitaria”: es decir, se convierte en signo y lugar de la “Iglesia”»[12].
«Esto afecta extensivamente a la “familia” cristiana, porque la alianza conyugal tiene entre sus contenidos cualificantes la apertura a la vida, la disponibilidad al don de la vida. En este sentido la dimensión eclesial de la alianza conyugal se prolonga y se perfecciona en la dimensión eclesial de la alianza familiar, en esta original comunidad-comunión de personas que es la familia cristiana»[13].
Además, el sacramentum tantum del matrimonio manifiesta también «su dimensión eclesial en específica referencia a la relación entre pareja y familia si, a la luz de una línea teológica común —y, al mismo tiempo, segura—, el signo sacramental se refiere no sólo al “consentimiento”, sino también a la (primera) “consumación”. Entonces, la unión conyugal en la carne —fruto, signo y “lugar” de la unión afectiva y espiritual— contiene estructuralmente y en cuanto fin, la apertura a la vida: de esta manera orienta la pareja hacia la realidad del hijo, y por lo tanto, de la familia. En cuanto después la primera unión conyugal forma parte del sacramentum tantum, participa en su significación y eficacia sacramental»[14].
1.1.4. Conclusión
Afirma Tettamanzi a modo de conclusión: «el examen sintético realizado ahora —de la res tantum, a la res et sacramentum, al sacramentum tantum— puede ser retomado y vuelto a proponer, en su orden lógico y real, del signo sacramental, a su efecto primero e inmediato, a la realidad final de la gracia. Y ya que el signo sacramental del matrimonio presenta la estructura de la alianza (y ésta está en relación esencial con la Iglesia), esta última se refleja realmente en el “vínculo” conyugal (y por extensión en la unión familiar) y en la gracia dada a los esposos cristianos para asumir sus munera de esposos y de padres»[15].
1.2. El sacramento del Bautismo
Nuestro autor explica que, aunque la eclesialidad de la pareja/familia está enraizada de modo específico en el sacramento del matrimonio, no es de modo único[16]. Porque «es el Bautismo el que justifica, en su fundamento, la eclesialidad de la pareja cristiana: la razón está en que el Bautismo hace al creyente miembro de Cristo y de su Iglesia»[17].
Prosigue Tettamanzi: «Esta eclesialidad bautismal —fundamental y general— es retomada y especificada por el sacramento del matrimonio, calificándose como eclesialidad conyugal: si ya con el Bautismo los esposos cristianos son miembros de la Iglesia, con el sacramento del matrimonio lo llegan a ser según una nueva y original modalidad, en el sentido que participan en el mysterium Ecclesiae, no tanto a título individual, cuanto a título conyugal, en su conformación de bautizados que forman una sola carne (...). Por esto la “eclesialidad” bautismal especificada por el matrimonio cristiano tiene como sujeto propio la pareja en cuanto tal»[18].
También el Bautismo justifica la eclesialidad de la familia, en el sentido que «con el Bautismo de los hijos, también éstos (y no sólo los cónyuges cristianos) se convierten en miembros de la Iglesia, así pues, en la base de la familia cristiana como Ecclesia domestica se pone el Bautismo de todas las personas que la componen»[19].
Nuestro autor no se detiene ahí, porque afirma: «Pero también para la familia cristiana es legítimo hablar de una eclesialidad suya, porque el vínculo de los padres y de los hijos con la Iglesia presenta un especificidad propia: de hecho ese bautismo, que inserta a los hijos en la Iglesia, no se da sin una referencia a los padres cristianos. Como se ha recordado antes, los padres están llamados a una apertura a la vida según una intencionalidad cristiana y eclesial: engendran a los hijos con la voluntad de “regenerarlos” en el agua y en el Espíritu, según la expresión clásica de san Agustín»[20].
«Todavía más —prosigue—, los hijos son bautizados en la fe de la Iglesia, más precisamente en una fe eclesial expresada y llevada a cabo también por parte de la fe eclesial de los padres cristianos, que se comprometen a la educación cristiana de sus hijos»[21].
«De esta manera, se da una “fraternidad” en la familia cristiana que debe calificarse como nueva y original, que va más allá de la fraternidad natural (relación entre hermanos y hermanas), y afecta radicalmente también a la relación entre padres e hijos: una fraternidad que, de manera específica, revela y encarna la fraternidad típica de la Iglesia, de la familia Dei»[22].
1.3. El sacramento de la Eucaristía
«Más allá del fundamento específico (el Matrimonio), y remoto (el Bautismo), de la eclesialidad de la pareja y de la familia cristiana, la reflexión teológica, sobre todo reciente, ilumina también la centralidad de la Eucaristía en relación a la Iglesia doméstica. Es una reflexión que se desarrolla a la luz de la doble y complementaria relación que existe entre el Matrimonio cristiano y la Eucaristía, precisamente la relación que va del Matrimonio a la Eucaristía como culmen de todo sacramento, y de la Eucaristía, como fons de todo sacramento, al Matrimonio»[23].
Tettamanzi afirma que Juan Pablo II, en la Familiaris consortio 57, realiza un desarrollo sintético sobre la Eucaristía como fuente del matrimonio cristiano, «en términos que hacen referencia explícita a la dimensión eclesial de la pareja y de la familia cristiana»[24].
Explica nuestro autor la relación entre estos dos sacramentos, diciendo que la «alianza conyugal está enraizada, plasmada y vivificada en la Nueva y Eterna Alianza, sellada por Cristo en la Cruz y representada en la Eucaristía; y la realidad de la familia cristiana encuentra en el don eucarístico de la caridad el fundamento y el alma de su eclesialidad, aquí tomada a la vez como “comunión” y como “misión”»[25].
Y concluye, «la fórmula teológica “la Eucaristía hace la Iglesia”, puede legítimamente —también en evidentes términos de analogía— aplicarse a la familia cristiana: ¡la Eucaristía hace la Iglesia doméstica!»[26].
2. La familia cristiana y la maternidad de la Iglesia
Tettamanzi señala que «la eclesialidad de la familia cristiana es una eclesialidad sacramental, es decir, deriva de la eclesialidad propia de los sacramentos»[27].
Esto nos lleva a estudiar la relación de los sacramentos con la Iglesia, y de ésta con Cristo: «porque es posible llegar a una perspectiva más radical, y por esto mismo más orgánica y unitaria, de la identidad eclesial de la familia cristiana, profundizando en la eclesialidad de los sacramentos, es decir, considerando la relación que existe entre los sacramentos y la Iglesia»[28].
Señala nuestro autor que, en este tema, hay diferentes posiciones, más o menos enfrentadas, entre varios autores:
- «diversos autores, sobre todo siguiendo a K. Rahner, comprenden los sacramentos como gestos, expresiones, realización de la Iglesia misma como “sacramento primordial”»[29];
- otros teólogos no comparten una orientación semejante, entre otros G. Colombo, que mantiene la tesis de la sacramentalidad de la Iglesia[30].
Tettamanzi no entra en valoraciones, sino que se limita a señalar dos aspectos:
- «en el caso específico de la Iglesia doméstica se impone con mayor fuerza el carácter de fuente originaria de la acción de Cristo con la efusión de su Espíritu en la constitución y construcción de la pareja y la familia cristiana como Iglesia doméstica»[31]. «La eclesialidad de la pareja y de la familia deriva de los sacramentos como acciones de Cristo que infunde su Espíritu, y, con esto mismo, edifica su Iglesia. Hasta tal punto que la referencia a Cristo, en la constitución de la familia cristiana como Iglesia doméstica, debe llamarse fundante, primaria, decisiva»[32];
- «Pero en un sentido relativo, es decir que deriva y depende de Jesucristo, nos parece legítimo, incluso necesario (por la fidelidad al dato revelado), hablar también y específicamente de una “mediación” de la Iglesia en la obra salvífica, y en particular en la significación y comunicación de la gracia: es lo que sucede, en concreto, con la celebración de los sacramentos, que así resultan ser, no sólo acciones de Cristo sino también —siempre en Él, con Él, y por Él— acciones de la Iglesia»[33]. Porque la Iglesia, construida por el amor salvífico de Cristo, «se convierte en sacramento universal de salvación, signo y lugar de la comunicación a los hombres del amor de Cristo Salvador. Esto no niega ni atenúa la posición absolutamente fundante, primaria, decisiva de Cristo: sino que la exalta, en cuanto que la acción de la Iglesia es siempre y sólo, una acción referida a Cristo, como una esposa es relativa al esposo»[34].
Concluye nuestro autor, diciendo que desde esta perspectiva, «es legítimo reconsiderar el sacramento del matrimonio y su influencia sobre la pareja y la familia en el contexto de la maternidad de la Iglesia»[35]: en primer lugar, la familia cristiana como destinataria de la maternidad de la Iglesia[36]; «pero la familia cristiana, de destinataria de la maternidad eclesial, se convierte en partícipe, y por tanto, también en sujeto activo de tal maternidad»[37].
Tettamanzi, en la perspectiva de la maternidad de la Iglesia, intenta precisar mejor algunos aspectos de la relación/vínculo recíproco entre la Iglesia y la familia cristiana, porque de esta manera se entenderá, con mayor profundidad, la identidad eclesial propia de la familia cristiana[38]. «Nos detenemos, en particular, en un triple aspecto: el primero aspira a entender la radicalidad de esa relación/vínculo, el segundo aspira a resaltar la dimensión sacramental, y el último aspira a precisar la extensión o analogía»[39].
2.1. La radicalidad de la relación/vínculo recíproco entre Iglesia y familia
Nuestro autor empieza señalando que la relación Iglesia-familia, «no es una relación simplemente sociológica o psicológico-moral»[40]. Todo lo contrario, «la relación/vínculo que existe entre la Iglesia y la familia cristiana posee una novedad u originalidad propia, que al mismo tiempo asume y trasciende la relación/vínculo sociológico o psicológico-moral. Se trata de una relación/vínculo ontológico y sobrenatural: ontológico porque desciende a la profundidad del ser, ya sea de la Iglesia, ya sea de la familia cristiana; y sobrenatural, porque es fruto de la gracia dada por Cristo, por medio de su Espíritu, a la familia cristiana»[41].
«La interpretación ontológico-sobrenatural de la relación/vínculo Iglesia-familia cristiana no es sólo legítima, sino también necesaria, porque es reclamada por la naturaleza específica sea de la Iglesia, sea de los sacramentos que generan y alimentan la familia cristiana»[42].
2.2. La dimensión sacramental de la relación/vínculo recíproco entre Iglesia y familia
Nuestro autor se da cuenta que la «referencia a la Iglesia sacramento universal de salvación, y a los sacramentos que constituyen y edifican la familia cristiana, conduce a afirmar la dimensión sacramental que caracteriza la relación/vínculo Iglesia-familia»[43].
Debido a este origen sacramental, las «dimensiones típicas del sacramento, es decir, el hecho de ser signum y signum efficax, se reflejan en la misma realidad crístico-eclesial de la familia, la cual ha sido constituida como signo de Iglesia, más bien, como lugar de Iglesia: de aquí su función de revelar (anunciar, manifestar, testimoniar) la Iglesia, de la que es imagen; de aquí su realidad de representar la Iglesia, de la cual es participación histórica. Nos parece que los dos aspectos de la dimensión sacramental de la relación Iglesia-familia —el funcional, y el ontológico— deben ser invertidos, en el sentido que el aspecto de participación justifica y exige aquel de revelación: justamente porque la familia cristiana es Iglesia (doméstica), ella puede y debe revelar el mysterium Ecclesiae»[44].
Nuestro autor señala también otros aspectos que comporta la dimensión sacramental: «la familia cristiana, generada y alimentada por los sacramentos, encuentra en su realidad y en su actividad, el doble e inseparable aspecto presente en los sacramentos: es, esencialmente, donum et mandatum»[45]. Es un don, porque «la relación/vínculo de la familia cristiana con la Iglesia deriva de la iniciativa absolutamente libre y gratuita de Dios, que en Cristo, por medio de la celebración sacramental, inserta la familia cristiana en la Iglesia, y la configura como realidad de Iglesia. En este sentido se da una vocación de la familia cristiana a ser Iglesia doméstica: una vocación que es testimonio del don de Dios»[46]. Y prosigue, «es el mismo don, que se configura como mandato, es la misma vocación que se hace misión. De aquí, la responsabilidad de la familia cristiana respecto a la propia relación/vínculo con la Iglesia: una responsabilidad suscitada, sostenida y perfeccionada por el donum»[47].
2.3. La extensión o analogía de la relación/vínculo entre la Iglesia y la familia
Explica Tettamanzi que la Familiaris consortio, en la misma línea que el Concilio, pone atención en afirmar que sólo por analogía se puede definir a la familia como Iglesia[48]. Porque «la familia es “Iglesia” en cuanto que es verdaderamente “imagen viva y representación histórica” del mysterim Ecclesiae; pero es Iglesia doméstica o pequeña Iglesia, en cuanto revela y representa la Iglesia, a su modo»[49].
Así pues, sólo una «adecuada comprensión de la analogía permite valorar la identidad eclesial propia y específica de la familia cristiana, y, al mismo tiempo, la esencial relación de la familia misma a la Iglesia como tal»[50].
A continuación, Tettamanzi examina una serie de comparaciones que han empleado diversos autores para tratar de explicar la relación Iglesia-familia, y las matiza convenientemente.
Dice que la afirmación que hace Paolo VI en el número 71 de la Evangelii nuntiandi[51], «no se puede entender, ciertamente, en el sentido que la Iglesia doméstica tenga en sí misma “todos” los elementos que definen la Iglesia como tal, como si la familia cristiana “agotara” la realidad eclesial»[52].
Afirma Tettamanzi que, en una línea “institucional”[53], la “falta de plenitud” de la familia cristiana como Iglesia se fija en relación con la Eucaristía y la Jerarquía[54]. «Pero también merece atención la propuesta de los que encuentran tal “falta de plenitud” también respecto a una línea “carismática”, en particular en relación a los consejos evangélicos como elementos estructurales necesarios del mysterium Ecclesiae»[55].
También habla, nuestro autor, del paralelismo que se hace a veces entre la relación de la Iglesia universal y la Iglesia local, con la relación de la Iglesia local y la familia[56]: «Es un paralelismo legítimo y útil, porque encuentra en la familia una verdadera y propia “participación” en la Iglesia (...), pero que debe leerse exclusivamente en términos de analogía»[57].
[1] Cfr. DSU, p. 202.
[2] FCE, pp. 132-133.
[3] Ibid. En otra obra posterior el autor explica estos mismos tres elementos, pero en referencia sólo a los esposos: cfr. FVC, pp. 68-69.
[4] FCE, p. 133. El autor remite a la descripción que hace de este primer elemento la Casti connubii, nn. 40-41.
[5] FCE, p. 133.
[6] FCE, pp. 133-134. Nos parece que el uso que hace Tettamanzi del término conversión resulta impreciso, porque una conversión, del amor conyugal en caridad, manteniendo sus elementos estructurales, y sus profundos dinamismos, sus notas y exigencias, no parece conversión.
[7] FCE, pp. 134-135.
[8] FCE, p. 135.
[9] Ibid.
[10] Ibid.
[11] DSU, p. 205.
[12] DSU, p. 205.
[13] Ibid.
[14] DSU, p. 206.
[15] Ibid.
[16] Cfr. DSU, p. 207.
[17] Ibid.
[18] Ibid.
[19] Ibid.
[20] DSU, pp. 207-208.
[21] DSU, p. 208. Añade un texto de la Familiaris consortio: «El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia; en efecto, dentro de la familia la persona humana no sólo es engendrada y progresivamente introducida, mediante la educación, en la comunidad humana, sino que mediante la regeneración por el bautismo y la educación en la fe, es introducida también en la familia de Dios, que es la Iglesia»: FC 15, en FFH, p. 254.
[22] DSU, p. 208.
[23] Ibid. Y añade más adelante: «El dato central que explica a la vez la Eucaristía y el Matrimonio es la Alianza de Dios con su Pueblo: de Yahveh con Israel, de Cristo con la Iglesia»: DSU, p. 311. Tettamanzi propone una serie de escritos teológicos para profundizar en la relación Eucaristía-familia: MASSI, P., Matrimonio sacramento pasquale, en Miscellanea Liturgica, Roma 1966, pp. 403-428; COLOMBO, G., Il sacramento del matrimonio, en AA.VV., Matrimonio e famiglia oggi in Italia, Torino 1969, pp. 101-116; AMBROSANIO, A., Matrimonio ed eucaristia, en AA.VV., Evangelizzazione e matrimonio, D'Auria, Napoli 1975, pp. 83-99; RUFFINI, E., Teologia dell’eucaristia e del matrimonio, “La Famiglia” 3 (1969), pp. 102-116; SCHEFFCZYK, L., Eucharistie und Ehesakrament, “Münchner Theologische Zeitschrift” 27 (1976), pp. 361-370; TETTAMANZI, D., L’Eucaristia nella vita della famiglia cristiana, en LCD, pp. 218-245.
[24] DSU, p. 208. «La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano. En efecto, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto sellada con la sangre de la cruz. Y en este sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal. En cuanto representación del sacrificio de amor de Cristo por su Iglesia, la Eucaristía es manantial de caridad. Y en el don eucarístico de la caridad la familia cristiana halla el fundamento y el alma de su “comunión” y de su “misión”, ya que el Pan eucarístico hace de los diversos miembros de la comunidad familiar un único cuerpo, revelación y participación de la más amplia unidad de la Iglesia; además, la participación en el Cuerpo “entregado” y en la Sangre “derramada” de Cristo se hace fuente inagotable del dinamismo misionero y apostólico de la familia cristiana»: FC 57, en FFH, p. 307. Explica Tettamanzi que el Papa, Juan Pablo II, comentó ampliamente este texto en una alocución dirigida a los Équipes Notre-Dame el 23.9.1982: cfr. EF, Vol. IV, pp. 3699-3715. Un comentario analítico y profundo sobre este texto lo realiza también nuestro autor: TETTAMANZI, D., L’Eucaristia al centro della famiglia, “La Famiglia” 97 (1983), pp. 23-42 (artículo recogido en DSU, pp. 310-324).
[25] DSU, p. 209. Más adelante, cuando nuestro autor analice específicamente la relación de la Eucaristía con el Matrimonio, desglosará los tres elementos: «La raíz de la que brota la alianza conyugal es la misma Nueva y Eterna Alianza presente y operante en el sacrificio eucarístico: (...) Leído en términos teológicos, el sí de los esposos es un eco del sí de Cristo en la Cruz; la decisión y la elección conyugal cristiana (el llamado “consentimiento”) derivan como de su fuente viva, de aquella suprema decisión y elección que ha llevado a Cristo a darse en sacrificio a su Iglesia»: DSU, p. 314. «Precisamente porque la alianza conyugal tiene su raíz en el sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza , es interiormente plasmada por ese mismo sacrificio: su estructura íntima es definida por su origen (...). La alianza conyugal cristiana representa la misma fisonomía —en términos más vivos y concretos, los mismo valores y exigencias— que la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia»: DSU, pp. 314-315. «La alianza conyugal cristiana es vivificada continuamente por el sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza. De hecho, es el Espíritu que vivifica el don y el mandato del matrimonio cristiano, así que la posibilidad y la responsabilidad de vivir el pacto conyugal reposa antes que sobre la necesaria buena voluntad de los esposos, sobre la gracia del Espíritu Santo»: DSU, p. 315.
[26] DSU, p. 209. Añade Tettamanzi: « È evidente che la nostra analisi potrebbe ulteriormente procedere considerando anche gli altri sacramenti, e in particolare il sacramento della riconciliazione »: DSU, p. 209. Para el desarrollo de la relación de la familia con otros sacramentos el autor remite a su obra: TETTAMANZI, D., Sacramenti e spiritualità coniugale, Roma 1967. Dice también que la Familiaris consortio, en los números 21 y, sobre todo, 58 hace algunas interesantes referencias a la relación del sacramento de la reconciliación con la familia: «La celebración de este sacramento adquiere un significado particular para la vida familiar. En efecto, mientras mediante la fe descubren cómo el pecado contradice no sólo la alianza con Dios, sino también la alianza de los cónyuges y la comunión de la familia, los esposos y todos los miembros de la familia son alentados el encuentro con Dios “rico en misericordia”, el cual, infundiendo su amor más fuerte que el pecado, reconstruye y perfecciona la alianza conyugal y la comunión familiar»: FC 58, en FFH, p. 308.
[27] DSU, p. 210. «Nacida y alimentada por el sacramento del matrimonio, la familia cristiana posee una esencial estructura eclesial. Es comunidad de amor y de vida, formada por la pareja y por el núcleo familiar; pero es también, y en profundidad, comunidad de gracia, en unión íntima y viva con la Iglesia, sacramento universal de salvación (LG, 48)»: FVC, p. 70
[28] DSU, p. 210.
[29] Ibid.
[30] Cfr. ibid. Tettamanzi añade una cita de Colombo: « noi manteniamo dell’attuale teologia la tesi della sacramentalità della Chiesa, che ci sembra raccogliere il guadagno di tutta la teologia moderna nella sua reazione alla teologia fondamentale illuminista, da Scheeben a Casel a — se si vuole — de Lubac; respingiamo invece la tesi della Chiesa come “Ur-Sakrament”. Coerentemente dobbiamo precisare che intendiamo la sacramentalità della Chiesa nel senso che la Chiesa è costituita e “prodotta” — secondo la terminologia scolastica è l’effetto primario — dai sacramenti, in quanto sono — in senso globale — l’“anamnesi” dell’azione salvifica di Gesù Cristo che si attua nel dono — la missione — dello Spirito Santo, che genera la Chiesa. D’altra parte, la Chiesa, “prodotta” dai sacramenti e quindi fondamentalmente dall’Eucaristia, è costituita intrinsecamente come “annuncio” che la salvezza viene agli uomini da Gesù Cristo, e precisamente della “comunione” con Lui. In conclusione non c’è soluzione di continuità sulla linea Gesù Cristo-sacramenti-Chiesa; c’è però un rapporto di derivazione oggettiva, che impone ai sacramenti di essere l’“anamnesi” dell’azione di Gesù Cristo, e quindi di “significare”, annunciare l’azione di Gesù Cristo, e impone alla Chiesa di riconoscere ed esprimere nell’“anamnesi” la ragione della propria esistenza, e quindi di professare e predicare con la propria vita la fede nell’azione di Gesù Cristo »: COLOMBO, G., Dove va la teologia sacramentaria?, “La Scuola Cattolica” 102 (1974), p. 708.
[31] DSU, p. 211.
[32] DSU, p. 211.
[33] Ibid.
[34] Ibid.
[35] Ibid. Afirma Tettamanzi que es éste, precisamente, el contexto propuesto por la Familiaris consortio: «Es ante todo la Iglesia madre la que engendra, educa, edifica la familia cristiana, poniendo en práctica para con ella la misión de salvación que ha recibido de su Señor (...). De esta manera, a la vez que es fruto y signo de la fecundidad sobrenatural de la Iglesia, la familia cristiana se hace símbolo, testimonio y participación de la maternidad de la Iglesia»: FC 49, en FFH, p. 297. Para profundizar en la maternidad de la Iglesia el autor remite a tres artículos suyos, a los que ya hemos hecho referencia anteriormente: TETTAMANZI, D., La Chiesa sacramento universale di salvezza, "Rivista del Clero Italiano" 59 (1978), pp. 114-125; IDEM, La Chiesa sposa di Cristo, "Rivista del Clero Italiano" 59 (1978), pp. 573-588; IDEM, La Chiesa madre dei cristiani, "Rivista del Clero Italiano" 60 (1979), pp. 661-674.
[36] Cfr. DSU, p. 211. El autor cita un texto de la exhortación: «con la celebración de los sacramentos, la Iglesia enriquece y corrobora a la familia cristiana con la gracia de Cristo, en orden a su santificación para la gloria del Padre»: FC 49, en FFH, p. 297.
[37] DSU, p. 211. Añade Tettamanzi: « il Papa cita a questo punto un testo conciliare, che qualifica i coniugi e i genitori cristiani come coloro che “diventano testimoni e cooperatori della fecondità della Madre Chiesa, in segno e partecipazione di quell’amore, col quale Cristo ha amato la sua Sposa e si è dato per lei” (LG 41) »: DSU, pp. 211-212. Nuestro autor explica de manera sintética englobando las dos perspectivas: « In forma più completa il rapporto famiglia-Chiesa dev'essere colto nella duplice direzione: dalla Chiesa alla famiglia e da questa alla Chiesa. Nella prima direzione si deve affermare che la Chiesa rivela e vive la sua fecondità di Madre nel far nascere e nel far crescere dentro di sé la coppia e la famiglia cristiana: in tal senso la coppia e la famiglia sono il termine dell'azione materna della Chiesa. Nella seconda direzione di deve affermare che la coppia e la famiglia cristiana — proprio perché generata dalla e nella Chiesa — partecipano a tal punto alla fecondità della Chiesa madre da divenire esse stesse feconde: anch'esse edificano la Chiesa, mettendo in opera i diversi doni e ministeri ricevuti dallo Spirito di Gesù Cristo »: TETTAMANZI, D., La fondazione teologica della pastorale familiare, o.c., p. 172.
[38] Cfr. DSU, p. 212.
[39] Ibid.
[40] Ibid.
[41] Ibid.
[42] Ibid. « L’affermazione della Familiaris consortio: “È anzitutto la Chiesa Madre che genera, educa e edifica la famiglia cristiana” (FC 49) testimonia così la “radicalità”, il livello cioè dello stesso “essere” (com’è appunto quello della “generazione”, della “maternità”), del rapporto/legame tra la Chiesa e la famiglia cristiana. I termini che la stessa Familiaris consortio usa per presentare la famiglia cristiana entro il mysterium Ecclesiae: “Viva immagine e storica ripresentazione del mistero stesso della Chiesa”, “simbolo, testimonianza, partecipazione della maternità della Chiesa” (FC 49), sono da intendersi in senso forte: definiscono, in tal modo, l’esse christianum della famiglia come esse ecclesiale »: DSU, pp. 212-213.
[43] DSU, p. 213.
[44] Ibid. « Il duplice e inscindibile aspetto della dimensione sacramentale del rapporto Chiesa-famiglia è esplicitamente affermato dalla Familiaris consortio, quando definisce la Ecclesia domestica “viva immagine e storica ripresentazione del mistero stesso della Chiesa” (FC 49). La citazione poi che il documento pontificio fa del Concilio Vaticano II è insieme riconferma e prova più autorevole della dimensione sacramentale del rapporto Chiesa-famiglia. Parlando dei coniugi e dei genitori cristiani, la Lumen gentium scrive: “Così infatti offrono a tutti l’esempio di un amore instancabile e generoso, edificano il fraterno consorzio della carità, e diventano testimoni e cooperatori della fecondità della Madre Chiesa, in segno e partecipazione di quell’amore col quale Cristo ha amato la sua Sposa e si è dato per lei” (LG 41) »: ibid.
[45] DSU, p. 214.
[46] Ibid. « Assume così particolare importanza il termine “carisma” che, riprendendolo da 1 Cor 7, 7, il Concilio applica ai coniugi cristiani considerati “nel loro stato di vita e nella loro funzione” (LG 11) »: ibid.
[47] Ibid. También dice nuestro autor: « Ultimamente il donum per eccellenza è lo Spirito Santo: e questi è anche il mandatum per eccellenza. In tal modo il vincolo Chiesa-famiglia trova la sua radice gratuita e responsabilizzante in quel Vincolo personale che è lo stesso Spirito Santo all'interno sia del mistero della Trinità e sia dell'unione ipostatica del Verbo incarnato »: ibid. Señala nuestro autor que algunas referencias a este aspecto se pueden encontrar en FC, 21: cfr. FFH, pp. 261-263.
[48] Cfr. DSU, p. 214.
[49] Ibid.
[50] Ibid.
[51] «En el seno del apostolado evangelizador de los seglares, es imposible dejar de subrayar la acción evangelizadora de la familia. Ella ha merecido muy bien, en los diferentes momentos de la historia y en el Concilio Vaticano II, el hermoso nombre de “Iglesia doméstica”. Esto significa que, en cada familia cristiana, deberían reflejarse los diversos aspectos de la Iglesia entera»: EF, Vol. III, p. 2119.
[52] DSU, pp. 214-215. Sobre la “falta de plenitud” (“incompletezza”) de la familia remite nuestro autor a un número del documento pastoral de la Conferencia Episcopal Italiana, Comunione e comunità nella Chiesa domestica 1.10.1981, n. 6: cfr. ECEI, Vol. III, p. 396.
[53] Añade entre paréntesis: « anche se la “istituzione” propria della Chiesa è sui generis e si connette singolarmente con il “carisma” »: DSU, p. 215.
[54] Ibid. Hace referencia a un pasaje del artículo ya citado de Sartore: cfr. SARTORE, D., La famiglia, Chiesa domestica, o.c., p. 299.
[55] DSU, p. 215. Nuestro autor remite a un pasaje de un artículo de Corecco: CORECCO, E., Il sacramento del matrimonio: cardine della costituzione della chiesa, o.c., pp. 115-116.
[56] En referencia explícita a un texto del artículo de Scabini: cfr. SCABINI, P., La famiglia nella Chiesa locale, o.c., p. 520.
[57] DSU, p. 216. En otro trabajo, de manera sintética, nuestro autor expone: «la analogía familia-Iglesia pide que no se olviden las diferencias, de manera que, la confrontación con la relación entre la Iglesia local y la Iglesia universal, debe ser hecha con la mayor cautela y finura. Con esto no se niega la real estructura eclesial de la familia cristiana fundada sobre el sacramento del matrimonio: (...) la familia cristiana es verdaderamente imagen viva de la Iglesia, porque a su modo la revela y en cierto sentido la contiene. Pero, mientras que la Iglesia local es el lugar en el que se expresa y se realiza el misterio de la Iglesia universal, la familia cristiana no puede decirse en igual medida y modalidad el lugar donde se revela y actualiza la Iglesia como tal. La familia cristiana no posee todos los elementos esenciales (piénsese, por ejemplo, en el elemento jerárquico y sacramental) de la Iglesia como tal»: TETTAMANZI, D., La fondazione teologica della pastorale familiare, o.c., p. 169. Vuelve a hacer referencia a Corecco, mostrándose otra vez de acuerdo con lo que dice: cfr. CORECCO, E., Il sacramento del matrimonio: cardine della costituzione della chiesa, o.c., pp. 114-115.