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I. Introducción: Cuatro ejemplos sobre la situación actual
a) Desde la IV Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, realizada en septiembre de 1995 en Pekín, la «perspectiva de genero» ha venido extendiéndose vertiginosamente: la ex diputada del Congreso de los Estados Unidos, Bella Abzug fue la que con más pasión defendió el uso de la expresión: «El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio». Afirmó, además, que «no existe un hombre natural o una mujer natural, que no hay conjunción de características o de una conducta exclusiva de un solo sexo, ni siquiera en la vida psíquica». Así, «la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta superioridad de uno u otro sexo, y cuestionar en lo posible si existe una forma natural de sexualidad humana».
b) Palabras de dos dirigentes del movimiento gay americano, escritas hace 24 años, en las que describían una trayectoria que aplicaron con fría, helada pulcritud:
- Insensibilizar y normalizar: “Casi cualquier comportamiento empieza a parecer normal si se satura al público (...) El modo de entumecer la sensibilidad espontánea hacia la homosexualidad es que haya mucha gente que hable mucho sobre el tema en términos neutrales o favorables (...) Lo principal es hablar de lo ´gay´ hasta que el tema llegue a resultar tremendamente aburrido.”
- Presentarse como víctimas: “Hay que presentar a los ´gays´ como víctimas y no como revolucionarios agresivos (...) como víctimas necesitadas de amparo (...) debemos vencer la tentación de hacer alarde de nuestro ´orgullo gay´ cuando esto entre en conflicto con la imagen del ´gay´ como víctima.”
- Satanizar a los defensores de la familia: “Podemos minar la autoridad moral de las iglesias homófobas presentándolas como retrógradas y anticuadas, desfasadas con los tiempos y con los últimos descubrimientos de la psicología (...) En una fase posterior habrá que arremeter contra los que todavía se opongan. Hablando claro: hay que vilipendiarlos (...) cambiar su arrogancia en sentimiento de vergüenza y de culpa por ser homófobos (...) presentar al público imágenes de homófobos que tengan rasgos desagradables: Ku Klux Klan, pastores fanáticos, punkies, matones, neonazis..".
(Extraído del artículo publicado en Aceprensa (56/99) por Michael Medved. Las citas las toma el autor de la estrategia diseñada en 1984 en una revista ´gay´ por dos dirigentes de este movimiento: “Waging peace: A Gay Battle Plan to Persuade Straight America”).
c) Respuesta a la Manifestación de las familias en Madrid: “La familia sí importa”. José Blanco en declaraciones a Onda Cero ha dicho que se trató de «un acto del Partido Popular presidido por unos cardenales»(sic). Asimismo, el dirigente socialista, ha acusado a la jerarquía eclesiástica de «querer hacer una intromisión directa en la campaña electoral». Y se permitió añadir que «la actuación de la jerarquía provoca en muchos cristianos, entre ellos él, ganas de borrarse» (sic).
d) Educación para la ciudadanía. Ejemplo del manual de la editorial Octaedro que se usa en varias escuelas para alumnos de 3º y 4º ESO.
“Pretendemos formar al alumno en ‘civismo’, entendido como un conjunto de valores morales y una apuesta por un modelo concreto de sociedad humana que iremos explorando a lo largo de nuestro programa”. “Hemos querido hacer patente desde el encabezamiento nuestro interés por el cambio de actitudes”.
Sobre la familia:
Tiene un grave problema de terminología, y además afronta el tema desde un lugar equivocado: Cuenta con un epígrafe específico dedicado a “Los distintos tipos de familia” (pág. 11) dentro del tema “Sexualidad y afectividad”. Los temas “La homosexualidad” (pág. 23) y “La conquista de los derechos de la mujer” (pág. 73) también tratan asuntos que tienen que ver con la familia.
Dice: “En nuestra sociedad ese núcleo [de familias nucleares, extensas y monoparentales] se ha ampliado y hay familias de personas homosexuales, ya sea de dos hombres o de dos mujeres, que pueden tener descendencia” (pág. 11).
Tras una definición reduccionista de matrimonio (“ritual social que compromete y define públicamente la familia”), el texto advierte que “en nuestra sociedad existe la posibilidad de matrimonios entre personas de distinto sexo y entre personas del mismo sexo” (pág. 11).
Niega el valor social de las familias fundadas en el matrimonio: “Al mismo tiempo hay familias que no han pasado por el ritual del matrimonio pero que cumplen las misma funciones. Este modelo familiar se llama parejas de hecho” (pág. 11).
Reduce el papel de los padres en la educación, por dos vías. En primer lugar, por la vía del ocultamiento: los padres son los grandes desaparecidos del texto. En segundo, por la vía de la rebaja expresa de su papel y de su autoridad. Por ejemplo: el texto califica como “intimidación” los siguientes supuestos, entre otros (pág. 10): “El padre de un chico de 14 años entra en su habitación sin llamar antes a la puerta”; “Una madre inspecciona las cosas de su hijo/a para comprobar si fuma”; o “Los padres de alguien de 15 años salen de copas durante las fiestas por la misma zona por donde sale su hijo/a con los amigos (si van a ‘patrullar’ deliberadamente para controlar a sus hijos)”.
Conclusión:
- Benedicto XVI a principios de año: «Por tanto, quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal ‘agencia’ de paz. Éste es un punto que merece una reflexión especial: todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz. (…) Cuando la sociedad y la política no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz».
- Chesterton decía que entre las instituciones atacadas de manera nada inteligente «está la creación humana fundamental: la familia. Y es atacada –seguía diciendo- no porque la gente la entienda, sino porque no la entiende en absoluto. Le dan golpes a ciegas, sin pensar un momento por qué fue levantada.” (…) “Es la estructura social de la humanidad, mucho más vieja que toda su documentación histórica, y más universal que cualquiera de sus religiones. Por eso, todos los intentos de alterarla son engaño y estupidez».
II. Desarrollo: ¿Está la familia en crisis?
a) Una premisa: la cuestión terminológica
Quizás habría que empezar aclarando qué se entienda por familia tradicional. Porque algunos oponen la familia tradicional a la familia nuclear moderna y otros a los llamados nuevos modelos de familia.
La familia tradicional no es la integrada por un padre, una madre y los hijos de ambos (¡ésa es la familia sin más!), sino la familia agraria y patriarcal, en la que el grupo prevalece sobre el individuo.
La familia moderna es más intimista y afectiva, en la que el individuo suele primar sobre el grupo. Ésta es una apreciación importante: no nos podemos dejar manipular por el lenguaje: ¡mi familia no es tradicional! Es simplemente familia.
Los que defienden “nuevas formas de familia” dicen que la familia no está en crisis, sino todo lo contrario que se está enriqueciendo con nuevas formas. Por lo tanto, negar que la familia esté en crisis es muy peligroso.
Podemos señalar tres ámbitos en el que se puede ver la crisis que afecta a la familia:
- Privatización de la familia: el individuo ha desplazado a la familia y el estado moderno garantiza los derechos de las personas con independencia de su ámbito. Se dice: si usted quiere tener familia, es una decisión personal que no afecta al ámbito público.
- Inestabilidad de la familia: separaciones, escisiones, divorcios, falta de compromiso familiar.
- Debilitamiento de sus contornos naturales: los llamados “nuevos modelos de familia”, que ni son “modelos” ni son “nuevos”. Lo nuevo es su institucionalización y su legalización.
b) Otra premisa: es una cuestión que nos afecta.
No se puede aceptar el argumento clásico de que “si a ti no te afecta, qué más te da, déjalos a los pobrecillos”, aunque sólo sea, sin entrar en mayores profundidades, porque el bien, como el mal, son universales y se difunden y el derecho tiene un efecto pedagógico indudable y fuerza de conformar a la sociedad, que fácilmente confunde lo lícito con lo moral.
Asumido que hay una crisis de la familia, la siguiente pregunta que podemos hacernos es:
c) ¿Es novedosa esta crisis?
Ciertamente, no en su procedencia; ni en el fondo, aunque sí en las formas, en el alcance y en la rapidez. Lo explica Mary Anne Glendon cuando afirma que los cambios que se pretenden, se experimentan (en el sentido estricto del término) o se producen en torno a la familia han sido «generalizados, profundos y repentinos».
Cuando digo que la crisis no es novedosa me refiero a que parece ser la confluencia de diversas corrientes de pensamiento bien conocidas y estudiadas (muchas de ellas ya experimentadas social e históricamente con estrepitosos fracasos) que van y vuelven.
d) Análisis de las corrientes que originan de esta crisis:
- La antropología evolucionista.
Descripción: En la elaboración del ideal materialista, Engels considera que la humanidad no surgió con la familia, sino que los hombres primitivos vivían en hordas que no conocían la relación entre acto sexual y nacimiento, de modo que cuidaban comunitariamente de sus niños sin saber quién era el padre, pues vivían en comuna promiscua; un buen día, el varón, que ya había aprendido a domesticar animales, decidió domesticar a su esposa e hijos, y ahí surgió la familia.
Consecuencia general: La familia no tiene, pues, unos perfiles antropológicos específicos ni unas bases invariables, sino que va evolucionando con la historia sin que ningún elemento pueda considerarse esencial.
Consecuencia inmediata: Esta ideología está detrás de los llamados nuevos modelos de familia (nada hay fijo que no pueda variarse). Además, anulados o debilitados algunos elementos esenciales, como la filiación, es más fácil volver al Papá-estado que todo lo provee, como la educación sexual en las escuelas, la Educación para la ciudadanía, etc. Esta ideología está también detrás de la concepción recogida, aunque mitigada, en nuestra LOE y en el Estatut, de la educación como servicio público titularidad del Estado y no de los padres.
Llevada al extremo ha dado lugar a estrepitosos fracasos bien conocidos en la sociología moderna: comunas protestantes s. XIX en USA, kibbutz.
- La sociología constructivista.
Descripción: Parte de Comte y se desarrolla en Durkheim y Weber. Sostiene que no existe una moral natural (actos que sean naturalmente buenos o malos) ni una verdad natural en el hombre, sino sólo una conciencia colectiva que se va desarrollando a través de la historia, con aciertos y errores que el mismo curso de la historia se ocupa de corregir. La sociología es, por lo tanto, quien construye la moral. Basta que se adquiera esa conciencia colectiva y ella misma se erige en su fundamento moral.
Consecuencia: Los Derechos Humanos, que se recogieron en 1948 a la vista de la aberración a que la conciencia colectiva y democrática llevó a todo un pueblo.
- El subjetivismo y sus distintas variantes.
Descripción: Hegel encumbró el momento del sentimiento. Nietzsche dio carta de naturaleza al instante, sólo importa el momento en que vivo, cualquier institución que dé estabilidad y vincule al hombre con su futuro ha de ser aniquilada: empezando por Dios; Hume asignó a la razón el papel de esclava de las pasiones: «la razón es, y sólo debe ser, la esclava de las pasiones, y no debe reivindicar ninguna otra función sino la de servirlas y obedecerlas».
Consecuencia: Alguna relación guardan estas ideologías con la inestabilidad familiar, el divorcio exprés, la píldora del día siguiente, la publicidad que apela sólo a las pasiones…
- Libertinismo, feminismo radical y homosexualismo político.
Arranca en los siglos XVI y XVII con una conducta más frívola que especulativa, en que algunos libertinos buscaban y propagaban la trivilización de la relación sexual, como si el sexo fuera un mero objeto y no un poderoso impulso que mueve a la persona; pero no se atrevieron a socavar la familia. Eso sí, se encumbraron modelos donjuanescos que tenían alguna gracia literaria o musical aunque fuera a costa de dejar tras de sí un rastro de desgracias y frustraciones humanas.
A partir de aquí comienza un camino guiado por una frivolidad huérfana de hondura antropológica:
El primer paso, el sexo sin amor, estaba dado por esos donjuanes disfrazados de pensadores que separaron sexualidad y compromiso en el varón; es decir, separación de la parte corporal y la parte espiritual en el amor entre un hombre y una mujer. Una cana al aire no es tan grave. Hay un dato biológico incontestable: el “problema” (el hijo) no es suyo, sino de ella.
El segundo estadio, el sexo sin hijos, también para la mujer (para solucionar el “problema” ocasionado por el primer paso). La planificación, la regulación de la maternidad no sería problema en el marco de una paternidad responsable, pero la rebelión femenina la encabezan los movimientos radicales, que quieren gozar de la misma “libertad”. El embarazo deja de verse como don y se ve como “problema”. Feminismo radical: ¿por qué he de ser yo madre mientras él puede elegir no ser padre? ¿Por qué yo tengo una hipoteca, un condicionamiento biológico y él no? Hay que forzar la naturaleza, no importan los límites; lo que la ciencia puede, yo lo puedo: pastillas, aborto, píldora del día siguiente, hasta abdicar en no pocos casos de la condición de madre (potencial), insisto, porque antes el varón abdicó como padre.
El tercer estadio, hijos sin sexo. Separados cuerpo y espíritu (sexo y amor), el hijo ya no es fruto del amor corporal de los esposos, sino un acto decisorio meramente intelectual, casi un derecho. Sólo es un problema técnico, cuando la ciencia lo permita. Además, mi cuerpo, mi sexualidad nada tendrá que ver: el hijo no es cosa de dos y perderá el lugar de acogida que la naturaleza le tenía reservado desde el origen: el útero materno. Individualismo masculino y femenino. Relativismo jurídico: el hijo es “un derecho”, “mi” derecho: no importa nacer en una familia y de un acto de amor entre los esposos.
El cuarto estadio género sin sexo: Aquí el lobby homosexual ve su oportunidad e se lanza. Si la relación sexual no exige compromiso (mi cuerpo no es yo mismo, la entrega de mi intimidad corporal no me compromete “personalmente”) y no genera hijos, ¿qué sentido tiene el sexo en el amor humano? Ninguno: es, más bien, una constricción, un condicionamiento biológico del que hay que liberarse. El homosexual y, sobre todo, el bisexual es un ser más elevado, más espiritual, porque es capaz de desprenderse de este condicionamiento. Fruto de esta corriente es el llamado matrimonio homosexual, la promoción de la bisexualidad o los niños elegidos a la carta.
e) ¿Verdad o libertad?
A finales de julio de 2005, en un mitin político, el Presidente del Gobierno español afirmó: «no os creáis aquello de que la verdad os hará libres, es la libertad la que os hará verdaderos».
¿Es esto así? Porque si la libertad es lo que en última instancia define al hombre por encima de ninguna otra condición, habrá que concluir que no hay nada mejor ni peor, sino que todo acto libre es bueno.
Y aquí está el quid de la cuestión: ¿es la libertad la que descubre la verdad del hombre o la verdad la que le conduce a la libertad? Si la libertad es la verdad última del hombre, en ella residirá nuestra felicidad.
Ejemplo: hay dos personas en la azotea de un rascacielos. Uno conoce una verdad que el otro desconoce: la ley de la gravedad, e intenta convencer a su compañero de que no se tire al vacío porque la fuerza de la gravedad le atraerá hacia el suelo a velocidad exponencial y se matará. El ignorante, sin embargo, despreciando aquella verdad y apreciando la ‘libertad’ de hacer lo que le viene en gana, se burla de la otra persona y le dice: «lo que pasa es que tú no eres libre como yo y no te atreves a hacer lo que deseas». Y va y, ejerciendo su supuesta libertad, rechaza la norma de la gravedad, y se tira; y, creyéndose libre, muere, esclavo de su ignorancia, perdiendo vida y libertad. Y yo pregunto: ¿Quién fue libre, el que sin más hacía su capricho o el que sabía lo que no tenía que hacer para seguir viviendo y disfrutando de su libertad? ¿Quién fue libre: el que vivió conforme a la verdad o el que murió sin saberlo a causa de la ignorancia de una libertad sin límites?
Pues esto que tan claro se ve con la verdad física, funciona exactamente igual con la verdad moral. Hay una verdad…, y existe el deber de buscarla si se quiere ser libres y alcanzar la felicidad.La felicidad se alcanza en la misma medida en que uno es y se empeña en ser lo que le corresponde-
III. ¿Qué es familia?
Desde luego no es una realidad fácil de definir, porque desde el punto de vista sociológico la convivencia familiar se ha estructurado de formas muy diferentes y desde el punto de vista de la trayectoria personal puede atravesar por circunstancias que inciden notablemente en su composición: hijos o no, número de hijos, fallecimientos, rupturas…
Resulta evidente es que hay una experiencia primigenia de la familia. Decimos que con el trato algo se nos hace familiar…, pero esa familiaridad simbólica o analógica evoca a una noción primera, originaria de familia que no debe confundirse con otras realidades de convivencia.
Para definir la familia utilizaremos las dimensiones de lo familiar que la fundamentan (seguiremos al autor D’Agostino, que en su obra «Elementos para una Filosofía de la Familia» distingue algunas dimensiones de lo familiar).
1. Carácter irremplazable de sus miembros.
Los miembros de una familia son irremplazables. Yo soy yo y el descubrimiento de mi auténtica identidad sólo podré hacerlo desde esta dimensión. Hay un elemento indiscutible que se ha encontrado en todas las formas familiares a lo largo de la historia y que destacó con fuerza Lèvy-strauss: el tabú del incesto. En todas las sociedades y grupos familiares, hasta en los más primitivos, se han prohibido las relaciones incestuosas, que, al cabo, no son sino la usurpación de roles familiares impropios (yo no puedo ser el marido de mi madre porque yo soy yo y no mi padre).
2. Identidad sexual.
La ilusión de inmortalidad y omnipotencia es constante en la humanidad, y existe (el psicoanálisis lo ha estudiado) una pulsión hacia la bisexualidad que amenaza (como lo hace la pulsión del orgullo y la soberbia), en algún período del desarrollo humano, con presentar esta opción como lo más omnipotente, lo más espiritual, puesto que permite desvincularse del condicionamiento sexual biológico (esta es la tesis más radical de la ideología de género).
En la familia, el hombre descubre quién es, descubre que su yo procede de un hombre y una mujer que se han necesitado mutua y complementariamente para procrearle, y comprende ‘naturalmente’, sin necesidad de reflexión, que él no es una totalidad, sino una polaridad, encauzando su sexualidad hacia el sexo que le complementa.
La sexualidad es una dimensión esencial que traspasa la persona en su unidad de cuerpo y espíritu. Más que una facultad, se trata de una dimensión que la configura en la diversidad de sus facultades, y condiciona profundamente su existencia como varón o como mujer.
Dice Aquilino Polaino: «La persona humana, en tanto que realidad encarnada y sexuada, obviamente, no es libre respecto de las determinaciones biológicas que le confieren su identidad de género. Por consiguiente, el hombre será libre de asumir o no lo que es (lo que está llamada a ser); pero ahí comienza y ahí acaba también su libertad respecto del sexo».
Se “es” hombre o mujer, no se “deviene” hombre o mujer como resultado de la cultura. Para la teoría del género, por el contrario, más allá de una vertiente somática indiscutible, el resto de las dimensiones personales son el producto de las influencias que las personas reciben, hasta el punto de que podría afirmarse –en las vertientes más radicales- que las personas no nacen (en el sentido profundo del término) hombres o mujeres, sino que se hacen, que devienen tales por influjo de la sociedad y de la cultura que, además, actúa con frecuencia de manera represiva imponiendo identidades sexuales no deseadas e incluso opuestas a los deseos profundos de los sujetos. Pero si se observa esta cuestión con atención, se llega a la curiosa conclusión de que, en realidad, la teoría del género (en sus formulaciones extremas) consiste precisamente en la manipulación cultural que denuncia.
3. Progenitorialidad o fecundidad.
No se trata de mera generación, sino paternidad y maternidad en el origen (concepción) y en el desarrollo (dar la vida y cultivarla: procrear y educar), y hacerlo de manera equilibrada, con los dos códigos: el paterno y el materno.
4. Fraternidad.
La fraternidad es el origen de la reciprocidad y de la solidaridad social, porque cuando la fraternidad se desvincula e independiza de la anterior dimensión, la progenitorialidad, deriva en fría competitividad.
Como dice Eibl Eibesfeldt: «Quien no ha alimentado dentro de sí los lazos familiares, tampoco conseguirá más tarde que se despierte el amor hacia la sociedad. Por el contrario, quien ha aprendido a amar a sus padres y hermanos, puede también más tarde amar a una colectividad».
5. Matrimonialidad.
Sólo el matrimonio garantiza la “familiaridad” en el tiempo. El hijo lo es en relación a que su padre es “de” y “con” su madre, y el hijo es para siempre en esa relación, por más que ellos la separen. La proyección, el carácter estable y definitivo del matrimonio, irrevocable, como todo amor, es dimensión esencial para garantizar el desarrollo cabal de lo humano, porque la persona humana es para siempre.
Y hay que entender bien qué es la matrimonialidad, que exige, como afirma Robert P. George: más allá del compartir la vida de forma comprensiva y a todos los niveles, la unión corporal, biológica de los esposos. Y no cualquier unión, sino una unión conyugal mediante actos procreativos por naturaleza, en los que un hombre y una mujer, comprometidos el uno con el otro, consuman su matrimonio como la unión de una sola carne. Es por eso que no puede existir un matrimonio entre tres o más personas, por muy afectuosos que sean los unos con los otros o por muy comprometido que el grupo pueda estar, porque su unión, como la unión homosexual, por más que pueda reforzar el lazo emocional no puede unir plenamente a la pareja sexual de forma conyugal.
De todos modos, la esencia de esta dimensión es el compromiso. Y carecen de esta dimensión las uniones de hecho (inestables por definición, pues no aceptan el compromiso), las soluciones divorcistas, etc.
IV. Conclusión: ¿Puede darse un concepto, una definición de familia?
La define Altarejos como comunidad originaria de personas; es decir, personas que, desde el origen y por su origen en la vida, se unen, se ponen en común, haciendo de sí mismas recíproca y amorosamente la tarea esencial de su vida.
Se ha hablado también de ámbito, el único ámbito donde se nace, se crece y se muere como persona, es decir, como principio y término de amor ¿Cómo nos gustaría a cualquiera de nosotros imaginar nuestra concepción, nuestro nacimiento sino como un acto de amor de nuestros padres, y nuestro crecimiento sino como un flujo de don y aceptación continuas, y nuestra muerte sino rodeados de aquellos a quienes más amamos?: he ahí a la familia.
Por lo tanto, podríamos sintetizar que la familia «es una comunidad de vida y amor».
Debemos recalcar que la familia, es una «realidad antropológica exigida por la constitución del ser humano»: el camino de humanización que la naturaleza ha pensado para que la biología humana se trascienda a sí misma y se haga cultura, para que el espíritu alumbre nuestro cuerpo, tan necesitado cuando nace, es «la realidad originaria en que emerge lo específicamente humano» (Aurora Bernal).
Por esta razón, la familia es el origen de la persona y la fuente de su identidad personal, y la sociedad nace con la familia y muere con la familia. Sólo en la familia el hombre se encuentra como sujeto que da y recibe, como principio y término de amor, y por eso el hombre necesita más la familia cuanto más perfecto es, puesto que su perfección consiste en amar y la familia es el lugar del amor.